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Descripción |
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La ciudadela de Machu Picchu está rodeada de
terrazas agrícolas, algunas más vistosas que otras, de tal
modo que la agresiva y desigual pendiente del cerro se
transforma en una superficie escalonada que cubre los
desniveles de las laderas con terrazas totalmente planas. Como
estas siguen las curvas de nivel, sus contornos sirven,
además, para redibujar con líneas firmes los perfiles del
cerro. Así pues, el entorno natural, que está cubierto de una
tupida capa arbórea y que es por sí mismo fascinante, se
transforma en un espectáculo que combina armoniosamente la
irregularidad de los desniveles y la libre distribución de los
colores y las formas del bosque con la arquitectura de los
volúmenes y los espacios creados por la voluntad
humana.
Sin duda, Pachakutec gozó del placer de la
recreación de este |
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paisaje que guarda su memoria para
toda la eternidad. Más que un simple espacio agrícola, la
habilitación del sector agrícola fue una obra que sometió la
función alimentaria a las demandas de los valores estéticos.
Si a eso se combina que junto al maíz o a la coca -que con
seguridad los incas sembraban en esos andenes- crecían también
las orquídeas y otros colores y aromas, las terrazas agrícolas
eran mucho más que sólo eso. De acuerdo con documentos del
siglo XVI, estas tierras del Urubamba estaban bajo el cuidado
de personas cuyo encargo era producir los bienes que
sustentaran el culto al Inca muerto, las cuales en su mayor
parte eran mamacunas; es decir, mujeres adscritas a funciones
estatales de servicio. |
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